El último reducto del fútbol londinense

En una época de culto al campo, de grandes empresas nombrando feudos históricos, o techos equipados con cámaras por doquier y que se pliegan sobre los espectadores cuando las primeras gotas de lluvia acechan el verde y sus alrededores, se puede fijar la vista en Londres, en el barrio de Hammersmith un campo de los de antes. Con salida al río, la Casa de Campo de la familia Craven da nombre al estadio del club con más solera de Londres.

El Fulham St Andrew’s Church Sunday School le compró los terrenos al heredero de William Craven, sexto barón Craven, que compró a finales del siglo XVIII. Un incendio en 1888 devastó el peculiar ‘cottage’ que Sir William había construido a orillas del Támesis. La Reina Victoria o Sir Arthur Conan Doyle habían pasado temporadas paseando por sus pasillos, que ahora se asoman al fondo sur del actual Craven Cottage, que guarda en sus entrañas toda la magia del fútbol de antaño.

Paredes y vigas de madera, el Cottage tiene una apertura particular hacia el Támesis, que se puede presenciar desde la grada que se encuentra enfrente de los banquillos, y desde la que se puede disfrutar de un partido mientras se curiosea a las parejas que circulan, atrevidas, por el afamado río londinense. Entre sus paredes han crecido leyendas, hacia las que la vista se gira de manera inevitable, para apreciar las fotografías, en blanco y negro su mayoría, de los míticos futbolistas que han hecho grande la casaca del Fulham.

Las últimas tardes de gloria en el Cottage distan en el tiempo, agarrándose a los buenos momentos con John Pantsil, más entretenidos por sus correteos tras la consecución de una victoria, como en enero de 2011 tras su 4-0 al Tottenham en Copa, o a la calidad que Danny Murphy le daba a la medular de un equipo que se vio desmembrado tras su último descenso a Championship.

Más lejos, aún, aparece la sombra de la final de UEFA que en 2010 Diego Forlán y ‘su’ Atléti le arrebataron a un equipo que llegó a la misma de rebote. En la temporada, una meritoria 12ª plaza parecía llenar de satisfacción a un conjunto que no habría sufrido en exceso para lograr el objetivo, aunque por plantilla podría haber optado a mirar a cotas más altas. Los inalcanzables Chelsea, United, Arsenal o Liverpool se habían visto reforzados por la aparición del ‘nuevo rico’ Manchester City, que había logrado amarrar una quinta posición de importancia. La aparición, además, de un sorprendente Aston Villa, y el crecimiento de Everton y Tottenham, habían hecho perder cualquier atisbo de esperanza a los cottagers.

Pero la Federación Inglesa de fútbol informó, semanas después de la conclusión de la campaña, que habría un nuevo equipo anglosajón en competiciones europeas. La Barclays Premier League resultó ganadora del Premio que otorgaba la UEFA al juego limpio, lo que les daba derecho a meter a un conjunto más en competencia. Los tres primeros de la clasificación del juego limpio (Chelsea, Tottenham y Manchester United) ya tenían plaza asegurada en Champions, así que el honor recayó en el cuarto en discordia.

De este modo, el 12º en la tabla, pero cuarto en el juego limpio, el Fulham, recibió un inesperado pero bien acogido billete a Europa, que nadie esperaba fuera a deparar tantos éxitos. A través de dos rondas previas, en las que le endosaron un global de 0-6 al FK Vėtra Vilnius, de Lituania primero; y un ajustado 3-2 al FC Amkar Perm de Eslovenia, los de Roy Hodgson se plantaron en una fase de grupos que superaron como segundos, y después, quemaron etapas hasta las semifinales que ganaron al Hamburgo, para ganarse el billete al feudo del equipo que habían dejado en la última ronda antes de la final.

Los goles de Forlán, el segundo al final de la prórroga, valieron más que el de Simon Davies, pero el mérito estaba en el camino. Habían dejado atrás a equipos como el propio Hamburgo, Wolfsburgo o sobre todo, la Juventus de Turín, la gran favorita al título, que había sucumbido en Craven Cottage en una noche para recordar.

Fuente: UEFA – Getty Images

Tres a uno se habían impuesto los italianos en Turín, haciendo buen uso de su condición de favoritos. Apenas una semana después, los transalpinos desembarcon en un Craven Cottage  lleno hasta la bandera. Los de Alberto Zaccheroni golpearon pronto el corazón de los cottagers, gracias a un temprano tanto de David Trezeguet. El resultado, 0-1 en el minuto 2 no invitaba al optimismo, pero en un arrebato de fuerza, y en especial, en una segunda mitad brillante, los de Hodgson no solo dieron la vuelta al marcador, sino que terminaron goleando al rival.

4-1 gracias al gol de Clint Dempsey, héroe local, que en el minuto 83 daba por buena la proeza del Fulham, y sacaba del partido y por supuesto, de la competición, a la Juventus. “Cuando recibí el balón, pensé si era mejor disparar o intentar colgar un balón al segundo palo, pero al final decidí tirar. Así que simplemente lo hice. Creo que de cada diez veces, nueve no hubiera funcionado, pero estoy feliz de que el balón entrara y culminara una gran remontada”, dijo Dempsey en palabras que recogió la UEFA a la conclusión del choque, mientras Konchesky y Zamora le abrazaban presa del delirio.

“There cannot have been a greater day in the history of Fulham (No ha habido un día major en la historia del Fulham), empezaba la crónica de The Guardian sobre el encuentro. Las campanas, al vuelo. Un equipo históricamente sometido al poder de los londinenses, pero que mantiene su tradición intacta, puso su nombre de vuelta en Europa.

Sin alardes, sin grandes estrellas ni mucho menos, gran presupuesto, solo con olor a madera, a hierba mojada y las gargantas de los 25.000 cottagers que llenaban cada encuentro la grada de la Villa de Sir William Craven por avales. El palco, en otro tiempo terraza de la Casa de Campo, es un símbolo de otro tiempo. Como su fútbol, como su gente, como sus paredes. No hay tornos en Craven Cottage, ni pantallas gigantes, ni techos retráctiles. Solo hay fútbol en el hogar del equipo más antiguo de Londres.

Artículo de Manuel Vergara (@mvergara90)

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