El efímero sueño del ‘Ballet Azul’

Se presentaron al ‘baile’ sin invitación oficial y revolucionaron un panorama de sosiego con la magia de un niño que juega y la grandeza de las estrellas brillan en un firmamento sin límite. Fueron apenas cinco años, una nimiedad en la globalidad de un tiempo que sin embargo, les bastó y sobró para convertirse en leyenda. Hablamos del ‘Ballet Azul‘, un apelativo con el que les calificó el mítico locutor argentino, ya fallecido, Carlos Arturo Rueda.

Grandes estadios de última generación, a cuál de ellos con mayor número de estrellas para ser considerados dignos de pertenecer al particular Olimpo de los organismos del fútbol; los focos sobre los estilizados jugadores que garabatean sus diabluras sobre un tapete impoluto; la electrónica envolviendo el rectángulo de juego; los reglamentos, los protocolos de cada competición, sus himnos. En definitiva, su profesionalización hasta el más alto nivel. Y sin embargo, nada de eso es fútbol. Al menos, por sí solo. La más pura esencia del deporte del balompié no entiende de oficiliadades ni de instituciones, sino de magia, de una impronta que más allá del reconocimiento como tal, se tatúe en las memorias de aquellos que realmente lo forman. Por eso, aunque aquella liga fuera considerada ‘pirata’, aunque las proezas de aquel equipo no quieran reflejarse sobre el frío documento de la oficilidad, Millonarios de Bogotá se hizo un hueco en la historia del fútbol mundial gracias a las danzas hipnóticas del ‘Ballez Azul’ allá por 1950.

Tres de los grandes protagonistas del ‘Ballet Azul’ | Foto: anotandofutbolblogspot.com

La cruzada de Di Stéfano

El Real Madrid pondrá punto y final a este 2014 habiendo despedido a su gran símbolo, un hombre que más allá de marcar una época dorada en la historia del club, fue forjador y creador de su más sagrada leyenda. El desafío era mayúsculo para aquel argentino de mirada vivaracha, mente lúcida y seductora labia, que nunca rechazó la recogida del guante que el destino le lanzó. Llegaba a Madrid encumbrado en una grandeza con matices, sin discusión en cuanto a calidad y habiendo conquistado la de Don Santiago Bernabéu; su misión después: convertir un club de fútbol en referencia mundial, en una filosofía, en una religión casi. Y lo hizo. Tampoco es algo que deba extrañar, pues ‘La Saeta Rubia’ ya tenía experiencia en hacer de su presencia un inicio y de su ausencia un final, como si todo aquello que tocase fuese, de alguna manera, un retazo de su propia vida. Convirtió el destino del Real Madrid y convirtió también el de Millonarios de Bogotá. 

Di Stéano, en River Plate | Foto: elespectador.co

Su calidad técnica y su carisma ya le habían llevado desde bien jovencito a liderar a la denominada ‘Máquina de River’, donde compartía alineaciones con jugadores de la talla de Adolfo Pedernera ó Néstor Rossi. Pero más allá de los ambiciosas metas de River Plate, Di Stéfano mantenía intacta la humildad de su origen y la sencillez de una forma de ser que le había convertido en un ídolo. Por eso no debía extrañar que a pesar de su buena posición económica en uno de los equipos más importantes de Argentina, ‘La Saeta’ liderase la particular cruzada de los más humildes por ver mejoradas sus condiciones como futbolistas. Mejores contratos, un salario mínimo y el reconocimiento oficial de su sindicato eran las exigencias de gran parte de los jugadores argentinos que se vieron representados en Alfredo Di Stéfano, firme defensor de todos estos derechos y luchador implacable en la consecución de los mismos. Tal era así que el argentino no lo dudó a la hora de liderar la huelga que los Futbolistas Agremiados Argentinos le declaraban al general Juan Domingo Perón.

La preocupación se hizo latente en el país platense, habida cuenta de que el parón se planteaba en la jornada 25 del campeonato, con cinco fechas aún por disputarse y un liderato provisional de Racing que se tomaba con expectación e incertidumbre. Ni la resolución del Tribunal Arbitral sobre pagos atrasados -que echaron más leña al fuego-, ni las intervenciones de Eva Perón y Óscar Nicolini (Ministro de Comunicaciones) -viendo peligrar también la siguiente temporada-, ni tampoco la insistencia de la AFA por retomar el campeonato y acabarlo como muestra de ‘respeto hacia los espectadores’ hizo cambiar de opinión a los futbolistas. Tampoco la decisión que tuvo lugar el cuatro de mayo del 49 cuando el Ministro de Trabajo aceptó los reclamaciones de los jugadores, estableciendo, eso sí, un salario máximo de 1.500 pesos, hecho que acabó por dinamitar la situación.

El sindicato de futbolistas le plantea a Perón la primera huelga de su sector |Foto: argentina.ar

El polvorín explota

Pedernera convence a Di Stéfano y Rossi para que le sigan a Millonarios | Foto: Taringa.net

El surrealista desenlace de la “campaña de la discordia”, que los equipos acabaron disputando con sus juveniles, amenazaba con prolongarse hasta la siguiente, ya que la situación, enquistada, parecía lejos de solucionarse. La primera consecuencia de ello la había vivido Racing, que de liderar la tabla en la jornada 25 había caído hasta la cuarta posición, debido a la sanción de puntos sufrida, tras haberse ausentado de varios partidos, favoreciendo esta situación a Independiente, que acabaría proclamándose campeón. Cinco partidos que dirigieron árbitros ingleses que, según las crónicas, pitaban los encuentros con traje, corbata y un traductor.

Las cosas amenazaban, sin embargo, con empeorar aún más: Pedernera, que no lo había dudado a la hora de marcharse a la liga colombiana tras conocerse las desfavorables decisiones que el gobierno argentino había tomado con respecto a los futbolistas nacionales, le escribía una carta a Alfredo Di Stéfano, invitándole a seguir sus pasos y a volar hasta el país cafetero para unirse a las filas del Millonarios, junto a Néstor Rossi. No obstante, esta idea parecía no seducir demasiado a ‘La Saeta’, que optó por reunirse con la directiva de River Plate y reconducir una situación que se había deteriorado mucho después de que esta, molesta con la actitud del argentino por su papel en la huelga, quisiera ignorar lo firmado y vender al futbolista a la Roma o al Torino bajo unas condiciones económicas extraordinarias para el club pero no tanto para el jugador.

La Liga pirata

Carlos Aldabe fue, también, gran precursor de la llegad de argentinos a Colombia | Foto: Wikipedia.

Molesto por el trato recibido y con la culminación de los insultos desde la grada que le tildaban de “pesetero” y traidor, Di Stéfano decidió atender la propuesta de su compatriota, Pedernera y, tanto él como Rossi, pusieron rumbo a Colombia apenas tres meses después (agosto de 1949), siendo precursor de esto el jugador-entrenador del conjunto colombiano Carlos Aldabe. Como ellos, lo hicieron 109 jugadores extranjeros, llegando a ser hasta 300, y encontrándose entre ellos 57 argentinos.

Las grandes sumas de dinero y las mejores condiciones, eso sí, llegaban desde una Liga en pleno nacimiento, como lo era la colombiana en aquel momento, con apenas un año de vida. Millonarios, el equipo al que Di Stéfano, Pedernera, Rossi y otros tantos argentinos más llegaron -hasta un total de ocho- contaba con apenas tres años desde su fundación (18 de junio de 1946) pero el desafío de batallar en una liga que conglomeraría a los mejores jugadores de América por aquel entonces se presentaba más que atractivo. Y no defraudó.

Que empiece el ‘baile’

Primer título tras vencer al Deportivo Cali, siendo Di Stéfano y Pedernera, contrastados protagonistas de la gesta; “Botín de Oro” para Pedro Cabillón con 42 goles anotados -récord todavía vigente-, 17 partidos consecutivos sumando victorias -récord en el país- y 20 jornadas invicto; 103 goles a favor -máximos artilleros- y 35 en contra -defensa menos goleada-. Esas fueron las primeras improntas que estos futbolistas, tocados con la varita de los dioses, dejaron en su primera campaña como jugadores de un equipo que acabaría pasando a la historia como el ‘Ballet Azul‘, por su magia en el desarrollo del juego; fútbol de toque y pases en corto, dinamismo, vitalidad y la diversión de quienes, desde su propio prodigio, simplemente saltaban al campo a jugar, a disfrutar y a hacer vibrar a los espectadores que empezaron a llenar estadio tras estadio para bailar al son del ‘Ballet Azul’.

Algunos miembros del temido Millonarios de los 50 | Foto: elmundo.es

Sólo la siguiente campaña se les escaparía a Millonarios, a pesar de alcanzar la última jornada con posibilidades de hacerse con el título, algo que finalmente lograría el humilde Deportes Caldas. Una y no más: la grandeza no sólo reside en la conquista sin discusión, sino también en la dignidad de la caída y el aprendizaje de la misma. Del golpe, Millonarios se alzó más fuerte que nunca y ya no volvió a conceder una tregua, alzándose con los tres siguientes títulos (51, 52 y 53) y una Pequeña Copa del Mundo (1953, ya sin Alfredo Di Stéfano), que tras su segundo encuentro, disputado ante el Rapid de Viena,  volaría a Europa para fichar por el Real Madrid.

El arte de ‘machacar’

No es de extrañar que aquella época del fútbol colombiano se conociera como ‘El Dorado’, a pesar de que lo que la FIFA consideró un desafío hacia sí misma, derivó en la expulsión de la Federación Colombiana como miembro legítimo de la máxima institución del fútbol mundial, pues si algo no entendía de oficilidad era la fantasía que desprendían las botas de los mejores jugadores del continente americano en su labor de deleitar al prójimo. Pocos osaron discutir la condición de mejor equipo del mundo que el ‘Ballet Azul’ hizo suya a base de argumentos elaborados sobre el verde de un campo de fútbol, de mil campos de fútbol.

Di Stéfano, durante un partido | Foto: Josecarlosrincon.blogspot

El ‘Ballet‘ se convirtió en una atracción que no sólo llenaba estadios, sino que hacía que numerosos equipos del planeta lo llamasen para tomar parte en torneos amistosos que se convertían en auténticas exhibiciones, como por ejemplo, las Bodas de Oro del Real Madrid, donde Millonarios goleó por 2-4 y que convirtieron el estadio madridista en el escenario de un idilio que ya nunca acabaría. Allí, Santiago Bernabéu se prendó de aquel joven y desgarbado rubio que bailaba con el balón en perfecta sintonía con un equipo imparable, invencible, espejo de lo que el Real Madrid querría llegar a ser algún día.

Una gira que les encumbró en Europa y el mundo

Atrás quedaban giras por Bolivia, de donde regresó invicto, u otros países como Brasil e incluso Argentina. El viejo continente reclamaba su derecho a presenciar las proezas de un equipo ultraofensivo, estético, vistoso y goleador hasta la saciedad que convertía en honor para el rival el hecho de capitular ante su ‘rodillo azul’, por todo cuanto en un partido podía aprenderse de ellos. Así lo sabían en Europa y más concretamente en España, donde el equipo aceptó viajar, cumpliéndose la condición requerida de disputar más de cinco encuentros.

Di Stéfano y compañía llegaban a España para participar en el torneo ‘Bodas de Oro’ del Real Madrid | Foto: futbolred.com

Mestalla tuvo el honor de ser su primera parada para presenciar un empate a cero que enaltecía el mérito de los valencianistas. La Unión Deportiva Las Palmas logró derrotarles pero la imagen que el equipo dejó fue formidable y no hizo recular lo más mínimo todo aquello que  se contaba del joven pero a su vez mítico ‘Ballet Azul’.

‘Afrenta’ en Chamartín

El duelo contra el campeón noruego, Norrkoping, les llevaría a pisar por fin el estadio de Chamartín, rubricando allí un empate a dos, que a su vez se convertiría en antesala del gran partido, un duelo imborrable, mágico, diferente: el que les midió al Real Madrid. Allí, dos goles de Di Stéfano, uno de Pedernera y otro de Báez sentenciaron a los blancos a ser ‘humillados’ en su propio feudo. “Lo más grande que ha visto Madrid: Millonarios de Bogotá”, titulaban los diarios tras la gesta; una afrenta para los blancos que quiso verse vengada un tiempo después, ya en territorio colombiano, de donde los ‘merengues’ se llevaron, sin embargo, dos derrotas más. Antes, un empate a uno en el Sánchez Pizjuán había servido para ponerle punto y final a la gira europea del ‘Ballet’.

Cozzi, Zuloaga, Rossi, Pini, Soria, Ramírez, Maurin, Báez, Reyes, Pedernera y Di Stéfano fueron los héroes de aquel partido que cambiaría el destino de ‘La Saeta Rubia’ y que de algún modo, suponía uno de los últimos encuentros de aquel fantástico e irrepetible equipo. Santiago Bernabéu acabaría ‘enamorándose’ del ‘bigoleador’ del encuentro en Chamartín y antes de que la Pequeña Copa del Mundo que Millonarios disputaba acabase, el club madrileño y el jugador argentino rubricaban una relación que, para los blancos, iba a suponer lo mismo que había supuesto para Millonarios: un antes y un después, un destino diferente.

Santiago Bernabéu visitó a Millonarios. Estaba a punto de fraguarse un cambio en la historia del Madrid y del fútbol | Foto: futbolred.com

El ‘pacto de Lima’, las 12 en el reloj

La FIFA, que había decidido mantener al margen de la oficiliadad todo lo sucedido en el fútbol colombiano en apenas cinco años de ensueño, concedía a Colombia la posibilidad de volver a reintegrarse bajo su tutela, a través del denominado ‘Pacto de Lima, siempre y cuando los futbolistas regresasen a sus respectivas ligas y a sus respectivos equipos en 1954. El final de una era inolvidable, el final del ‘Ballet Azul’. Quizás por lo efímero del sueño, la gesta de Millonarios guarda hoy un lugar especial en el recuerdo de muchos, en la historia del fútbol.

Los ‘bailarines’ del ‘Ballet’, un equipo para la historia | Foto: futbolred.com

Con aquellas particulares 12 en el reloj, el baile terminó y cada jugador regresó a su anterior realidad, como ese niño travieso que correteó por las calles haciendo mil diabluras hasta que el grito de su madre, apremiándole a regresar a su casa puso punto y final a un día inolvidable con amigos que, durante sus particulares ‘jugarretas’ se habían convertido en algo más; hermanos, cómplices de un momento irrepetible. Como ese último baile del que su gran protagonista huye precipitadamente, potenciando la sensación agridulce del que, disfrutándolo con todo su entusiasmo, se quedó con ganas de más. Y tal vez, lo poco que duró enaltece aún más la leyenda del ‘Ballet Azul’. 

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