La Brasil del 70: El “futebol-arte”

Cerremos los ojos por un momento. Ahora pensemos en Brasil. Nuestra mente dibujará un paisaje colorido y alegre: el sol rojo en un cielo despejado, el agua transparente del mar, la arena fina de la playa, chicos jugando al fútbol descalzos, lindas mujeres paseando por las orillas del mar… Nos encontramos en una playa de Copacabana (Río de Janeiro) y, desde ahí, podemos ver como el pueblo brasileño disfruta de la vida. O también, podríamos habernos imaginado a miles de personas llenando las calles de Sao Paulo, bailando y saltando con sus vestimentas multicolores y disfrutando con alegría del carnaval carioca. Ambas representaciones de nuestro cerebro son parte de la cultura de Brasil. Un país donde el arte, la alegría, la religión, la música y también el fútbol son esenciales para vivir.

brasil 1970 foto equipo

En 1870 el joven brasileño Charles Miller trajo consigo de su viaje a Inglaterra dos balones y enseñó e instauró en Brasil el Football. Años después, los brasileños convertirían el famoso deporte inglés en arte (futebol-arte). Para ellos es parte fundamental de sus vidas. Lo aman. Y durante muchos años han ayudado al aumento de la pasión mundial por este juego de forma considerable. Han aportado grandes equipos y enormes jugadores a este maravilloso deporte. Y si hay una imagen que refleje a la perfección todo ello, es la que dejó la selección de 1970 en la disputa de la novena Copa del Mundo de fútbol. En México, Brasil convirtió su cultura en fútbol y exhibió y regaló a todos los aficionados una obra artística inolvidable que quedó para la historia.

El comienzo de todo con Saldanha

En 1968 Joao Saldanha era el encargado de preparar un equipo que fuera capaz de competir con el resto de selecciones en la Copa del Mundo de México 1970. En el anterior Mundial los jugadores brasileños fueron duramente castigados por sus rivales; que ante la diferencia técnica convertían los encuentros en auténticas batallas. Así que, el por entonces técnico de la verdeamarelha, decidió cambiar el plan: “para México no convocaré a 22 damas, sino que llevaré a 23 fieras. Digo fiera, porque la fiera más brava es el hombre. Y es una fiera consciente.” […] “Nuestro equipo nunca provocó ni provocará, pero reaccionará a todo siempre que sea provocado.”

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Técnicamente no había en la época ningún rival que superara a Brasil. Por lo que, si conseguían prepararse a buen nivel físico, serían un equipo temible. El objetivo de Saldanha fue más allá: llevó a cabo un plan de preparación física con métodos revolucionarios en la época (ejercicios, formas, alimentación…) que convertirían a la Canarinha en un equipo prácticamente invencible. Además, tácticamente ya empezaba también a producirse una evolución. En aquel momento el centro del campo ya lo formaban tres fenómenos: Gerson, Tostao y Roberto Rivelino.

La revolución y la llegada de Zagallo

La fase clasificatoria fue todo un éxito: Brasil ganó los seis partidos que disputó, marcando una gran cantidad de goles (6-2 a Colombia, 0-5 a Venezuela, 0-3 a Paraguay…) y, además, ganó seis amistosos más que jugaron entre medias. Físicamente el equipo había dado un gran salto. Joao Saldanha estaba consiguiendo lo que pretendía: preparar un equipo que arrollara en tierras mexicanas a todo rival que se cruzara en su camino al título. Pero tuvo un idilio con el crack de aquella selección (Pelé) que acabaría con su puesto.

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Alegando que tenía problemas de visión Saldanha empezó a dejar fuera de algunos partidos al genio. Quién, en un principio, mostró todo su apoyo al técnico y declaró que fue él uno de los que aconsejó a la Federación Brasileña de fútbol su contratación. Para posteriormente –viendo que se podía quedar fuera de la cita mundialista- liderar una revolución interna en la selección que acabaría con el cese de Joao Saldanha y la llegada al cargo el 17 de marzo de 1970 de Mario “lobo” Zagallo. Con él llegaría una nueva evolución táctica: Rivelino entraría en el equipo por Edu, Piazza retrasó su posición a zaguero y Clodoaldo acompañaría a Gerson en el centro del campo. Pero las bases del equipo ya estaban bien cimentadas. Solo quedaba demostrarlo en México.

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El 4-5-1 ultraofensivo y los 5 dieces

Mario Zagallo fue el encargado de acoplar en un mismo once a una gran cantidad de talentosos, sin perder el equilibrio. Un equipo que defendía bien, que gracias a la gran preparación física acababa los partidos por encima de sus rivales y que tenía magia del centro del campo en adelante con cinco enganches jugando juntos. El once de gala lo formaban: Felix en la portería; Carlos Alberto, Brito, Piazza y Everaldo en la defensa; Gerson, Clodoaldo, Pelé, Jairzinho y Rivelino en el medio; y arriba, más adelantado, Tostao. Muchos de ellos no jugaban en su posición natural, pero cumpliendo cada uno una función lograron que el equipo obtuviera una armonía magnífica en todo lo que hacía.

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Carlos Alberto era un lateral de un gran largo recorrido y, junto a Jairzinho, formaban una banda derecha muy productiva. En el otro costado Everaldo –en teoría lateral izquierdo- cerraba como un tercer central en defensa junto a Brito y Piazza, quedando esa banda solo para las entradas de Rivelino. Clodoaldo daba equilibrio en el centro y posibilitaba que Gerson (el cerebro del equipo) se descolgara al ataque. Tostao era el hombre más adelantado, pero constantemente se retrasaba para participar en la creación. Y como alma libre por el campo y guinda del pastel un genio: Pelé.

El debut ante Checoslovaquia

El grupo era complicado. Brasil se enfrentaría a la campeona del mundo en 1966 (Inglaterra), a la campeona de Europa en 1968 (Checoslovaquia) y a una de las sensaciones del torneo (Rumanía). A priori nadie apostaba por los brasileiros para pasar de ronda. Pero este equipo pronto demostraría que era especial y que estaba dispuesto a escribir con letras de oro su nombre en los libros de historia del balompié. Y que el eco de su obra sonaría en la eternidad.

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En el debut ante Checoslovaquia el equipo entró nervioso y a los quince minutos de juego ya perdía 1-0. Tuvo que aparecer Rivelino con su patada atómica para empatar el duelo y asentar a Brasil en el campo. A partir de ahí los brasileños se soltaron a jugar en Guadalajara, Pelé disparo a puerta desde el centro del campo  (resultó ser cierto que no veía bien. Su disparo pasó a centímetros de la portería) y acabaron goleando por cuatro goles a uno. Empezaba bien el torneo la selección de Zagallo.

La final anticipada frente a Inglaterra y la clasificación

Ante los ingleses Brasil disputó y ganó por la mínima (1-0) el partido más difícil del Mundial. Se enfrentaban a la anterior campeona del mundo. Una selección donde aún jugaban leyendas como Bobby Charlton o Bobby Moore. El solitario gol de Jairzinho y la parada milagrosa de Gordon Banks a Pelé quedarán para el recuerdo en lo que fue una final anticipada de la Copa del Mundo de México 1970 y que esta vez ganó Brasil. Superada esta barrera quedó claro que la verdeamarelha podría con todo. Y así fue.

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Con la clasificación obtenida  la Canarinha cerraría el grupo enfrentándose a Rumanía. Rivelino y Gerson eran bajas por lesión para el encuentro, así que Zagallo tuvo que tirar de suplentes. Fontana entró en la defensa, Piazza se adelantó al medio junto a Clodoaldo y Paulo Cesar entró en el costado izquierdo. En los primeros veinte minutos Brasil bordó el fútbol y se puso 2-0 arriba. Después se relajó y Rumanía logró el 2-1. Ya en la segunda mitad Pelé abrió brecha de nuevo y consagró una nueva victoria (3-2).

El partido del Jogo Bonito: Perú – Brasil

El campeón del mundo con Brasil en 1958 en el Mundial de Suecia Waldir Pereira “Didí” era por entonces técnico de la considerada por muchos aficionados como la mejor selección peruana de todos los tiempos. Cubillas, Chumpitaz, Pedro León, Baylon, Gallardo, Mifflin… Una serie de grandes jugadores que convertían a Perú en una selección difícil de derrotar y que nos dejó en esos cuartos de final uno de los partidos más bellos de aquel Mundial. “Me puedo retirar tranquilo porque ya tengo sucesor, Teófilo Cubillas”. Esto declaró Pelé al final del partido. Mucho talento había también en esa Perú.

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Brasil jugó un fútbol maravilloso en el Jalisco de México. Al cuarto de hora marchaba dos a cero en el marcador, con goles de Rivelino y Tostao. El ritmo era frenético. Dos equipos al ataque, sin especulaciones, y regalando a los asistentes un fantástico intercambio de golpes. Antes del descanso Gallardo acortó distancias. Pero, poco después de iniciar el segundo round, Tostao amplió de nuevo la ventaja. Misma que diez minutos después acortaría una vez más Cubilla, para que ya al final Jairzinho pusiera el 2-4 que cerraría un enorme encuentro de futebol-arte.

La batalla ante Uruguay, con bronca de Zagallo

Un partido duro, bronco, difícil de ganar, como cada duelo frente a los charrúas. Uruguay salió con todo a por Brasil, que en el primer tiempo no lograba acomodarse en el campo. No conseguían desarrollar su fútbol. Cubilla adelantó a la selección uruguaya y la Canarinha seguía sin reaccionar. Hasta que apareció un inesperado Clodoaldo –el encargado de quedarse para dar equilibrio- sumándose al ataque por el costado izquierdo, libre de marca, para combinar con Tostao y poner al filo del descanso el 1-1 en el marcador. Un gol clave. Un gran punto de inflexión antes de llegar a los vestuarios.

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Brasil era otra en la segunda mitad. El técnico Mario Zagallo abroncó fuertemente a sus jugadores en el vestuario y estos consiguieron reaccionar. Empezaron a mostrar su arte con el balón y llegaron los goles. Dos concretamente: uno de Rivelino y otro de Jairzinho. Además de un regate de Pelé al portero uruguayo sin tocar el balón que quedará para la historia. Brasil ganó por tres goles a uno y se metió en la final. En este partido quedó demostrado lo que Saldanha decía: Brasil reaccionaría a las provocaciones y pelearían como fieras.

La exhibición y coronación frente a Italia

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Si lo analizamos bien, este fue realmente el partido más fácil de todos. Brasil venía en vuelo, creciendo en cada partido, e Italia llegaba cansada tras una dura semifinal. Así que todo fue coser y cantar. La verdeamarelha ganó por cuatro goles a uno a la azurra, y bien pudieron ser más. Con un fútbol maravilloso, dejando una de las mayores exhibiciones de fútbol de la historia de los mundiales, Brasil y Pelé se coronaron en el Azteca de México delante de 107.412 espectadores como tricampeones del mundo.

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En el minuto 18 de partido el número diez de la Canarinha voló por encima de la defensa italiana para abrir el marcador de la final. Pero Italia logró empatar poco después de la mano de Boninsegna y el partido se marchaba al descanso igualado. En la reanudación Brasil siguió con su dominio y su juego ofensivo. Gerson y Rivelino colocaron la final en bandeja. La cuál cerraría de la mejor forma posible el capitán Carlos Alberto con un gol de disparo cruzado, el 4-1 definitivo, precedido de una fantástica jugada de Brasil: el fútbol hecho arte, que coronó a una selección única.

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¿La mejor selección de todos los tiempos?

Como todo en la vida, en la gran gama de colores que existen está el gusto. Los ingleses crearon un deporte que luego los brasileños se encargarían de transformar en arte. Jugando el fútbol que aprenden en las calles, en las playas -donde juegan descalzos-. Así deslumbró al mundo esta maravillosa selección de 1970. Para los creadores del balompié no hay dudas: Brasil 70 es la mejor selección de todos los tiempos. Un equipo que juntó a una serie de 7 u 8 jugadores excepcionales y, entre ellos, el que es para muchos el futbolista más completo que ha existido: Edson Arantes do Nascimento “Pelé”.

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Dentro del país la comparan con la Brasil del 58, la que ganó el Mundial de Suecia con dos genios juntos a la vez: Pelé y Garrincha. Fuera de él podríamos compararla con la Holanda de Cruyff, la Hungría de Puskas o la España de los “locos bajitos”. Pero ninguna de ellas consiguió unir tanto talento en un mismo once como aquella del 70. Las subidas de Carlos Alberto, los regates de Rivelino, los desbordes de Jairzinho, los pases de Gerson, la técnica de Tostao y las genialidades de Pelé quedarán en nuestras retinas para siempre. Ellos nos regalaron una obra magnífica, convirtiendo el fútbol en arte, haciéndolo bello, y por todo esto hay que estarles eternamente agradecidos.

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