El Arsenal, la competitividad y la belleza

La irregularidad. El ser capaz de lo mejor y de lo peor. Ese es el principal problema que está sufriendo en los últimos años el Arsenal Football Club, uno de los equipos más laureados de la historia del fútbol inglés.

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¿Está preparado este Arsenal para ganar, luciendo su estilo por bandera, ante los grandes equipos del viejo continente? Esta es la pregunta que muchos aficionados se vienen haciendo durante varios años al ver que el club londinense no compite hasta el final por ganar la Premier League ni la Liga de Campeones. Agrada a sus seguidores en una serie de partidos por temporada en los que juega a gran nivel, practicando un fútbol maravilloso, donde es protagonista del juego, ataca con jugadas muy elaboradas y de un gran nivel técnico las porterías rivales, se muestra ofensivo… Es decir, hace gala del estilo que Arsène Wenger, actual entrenador, instauró en el club hace casi dos décadas. Con él llegó la revolución al club, un estilo, grandes jugadores y títulos. Pero en los últimos tiempos lo único que ha llegado ha sido el nuevo estadio, una F.A. Cup conseguida la temporada pasada y una Community Shield cosechada en agosto.

La directiva sigue confiando en el francés para que marque el devenir del club. Wenger es consciente de los problemas que están teniendo para competir de verdad en las grandes citas y ser un equipo fiable. Ya la temporada pasada introdujo algunas soluciones como la de buscar la competitividad por encima de la belleza y el estilo. Pero, ¿es realmente esa renuncia a buscar el buen fútbol la mejor solución para conseguir ganar a los grandes equipos y pelear con ellos por los títulos? ¿Son compatibles la belleza y la competitividad en el mundo del fútbol? Esta es la mayor decisión que debe adoptar el técnico para que su ideario llegue de forma nítido al vestuario gunner, y así, sus jugadores puedan ser creyentes de ese estilo y logren desarrollarlo con la máxima confianza posible en el terreno de juego, sin importar la magnitud del adversario que tenga delante.

Antecedentes

“España tiene que decidir si quiere ser toro o torero”: con esta frase, Cesar Luis Menotti trataba de explicar cuál era el fracaso de un país donde nacían grandes jugadores y no se conseguían grandes títulos. Porque lo primero de todo es definir tu identidad. Tener claro quién eres. Y en el fútbol solo hay dos opciones: ser valiente y querer la pelota para dominar los partidos o decidir ser cobarde, darle el protagonismo al rival y esperar que falle. Después encontraremos miles de tácticas, de planteamientos, de detalles… Pero que nadie se engañe, solo existen esas dos posibilidades. Ambas han demostrado ser efectivas, así que para gusto están los colores. Y cada entrenador debe decidir cuál es la que siente más suya. José Mourinho o Diego Pablo Simeone, dos ganadores natos y apasionados del resultado, decidieron un día que antepondrían la competitividad a la belleza, y no les ha ido nada mal. En cambio, Josep Guardiola, un amante del juego, creyó que podría conjugar ambas dos y triunfó.

Wenger dirigiendo al FC Arsenal en un partido de la Premier League

Wenger dirigiendo al FC Arsenal en un partido de la Premier League

Así que, Arsène Wenger deberá de aumentar su valentía para poder competir ante cualquier rival con un estilo de juego ofensivo, arriesgado, vistoso, que anteponga la técnica a la táctica y la física, siempre y cuando crea en ello. O, de la otra forma, ceder el protagonismo en las grandes citas y centrarse en defenderse, siendo solo bellos ante equipos de menor entidad. Pero claro, no es tan fácil levantarte un día por la mañana y querer ser una persona diferente, y dos días después volver a ser el mismo. Los entrenadores que ganan títulos son los que creen ante todo pronóstico en sus ideas. Él llegó al Arsenal con un plan revolucionario y con un estilo claro. Pero con el paso de los años y los problemas que le han ido surgiendo para mantener firme su patrón de juego ha decidido, en ya muchas ocasiones, marcar un camino diferente hacia la victoria. Y los resultados solo hablan de una gran irregularidad que rodea al club durante casi una década. Pero todo tiene un principio y un porqué. Lo que no sabremos es cuándo llegará el final.

El inicio de la ‘era Wenger’

Corría el mes de septiembre del año 1996 cuando la directiva del FC Arsenal anunciaba la destitución de Bruce Rioch y la llegada al club de Arsène Wenger, un desconocido por entonces en Inglaterra. El técnico francés llegaba con la idea de cambiar la historia y la filosofía de este legendario club de Londres. Para empezar modificaría todos los planes de entrenamiento y los hábitos de la alimentación de los jugadores. Con el objetivo de mejorar la preparación física de la plantilla. Sus métodos comenzaron a hacerse famosos en toda la Premier y se propagaron al exterior. Después introduciría su idea de juego y apostaría fuertemente por jóvenes talentos (Anelka por ejemplo) para el club. Además, ayudó a recuperar de su adicción al alcohol a Tony Adams, capitán y jugador clave por entonces del club gunner.

Arsène Wenger revolucionó los métodos de entrenamiento del club cuando llegó

Arsène Wenger revolucionó los métodos de entrenamiento del club cuando llegó

Wenger llegaba con las ideas muy claras, y en su segundo año en Londres consiguió un doblete: ganó la Premier League y la F.A. Cup. Después perdería la final de la Copa de la UEFA ante el Galatasaray (2000) y de la Copa inglesa frente al Liverpool (2001). Pero en cuanto los fichajes de Robert Pirès, Fredik Ljungberg y Thierry Henry lograron asentarse y acoplarse, el equipo volvería a la senda de los títulos ya rendir a gran nivel. Y, nuevamente, llegaría un doblete en la temporada 2001/02. Para acabar ganando también otra F.A. Cup más en la 2003. Por lo que el inicio de la ‘era Wenger’ en el club, con sus revolucionarios métodos e ideas, empezaba a recoger sus frutos y a llevar al Arsenal a competir con los grandes del país.

El Arsenal de ‘Los Invencibles’

Con Thierry Henry como estrella y líder del equipo, el Arsenal levantó el título de campeón de la liga inglesa en el año 2004 sin perder ni un solo partido. Se les llamó con el apodo de ‘Los Invencibles de Wenger’. Un equipo formado por grandes jugadores como Dennis Bergkamp, Patrick Vieira, Robert Pirés, Sol Campbell, Ashley Cole o el fenómeno Henry entre otros. Fue, durante toda su etapa en el club londinense, el mejor Arsenal que ha entrenado. Eran muy poderosos físicamente, muy sólidos en defensa y poseían un gran ‘arsenal’ (valga la redundancia) en ataque. Era un equipo ofensivo, físico, maduro, ambicioso y con grandes dotes técnicos en muchos de sus jugadores.

'Los Invencibles' del Arsenal celebran el título de liga. (2004)

‘Los Invencibles’ del Arsenal celebran el título de liga. (2004)

Pero todo en la vida se acaba, y en aquel Arsenal había muchos jugadores que se encontraban cerca del declive de sus carreras. Por lo que, el ‘Zorro de Estrasburgo’ –así es conocido también Arsène Wenger-, tenía que rejuvenecer una vez más la plantilla para no entrar en un período de decadencia. Y la fórmula seguiría siendo la misma: buscar jugadores jóvenes en el mercado que encajaran en la filosofía de juego y que aseguraran un buen futuro a medio plazo. Entre medias el club del Norte de Londres levantaría el título de campeón de Copa en 2005. El siguiente objetivo sería el asalto a la Copa de Europa.

Historia de una final perdida

Arsène Wenger sacó una vez más esa capacidad de ‘caza talentos’ que le atesoran y llevó a Londres a una de las joyas de ‘La Masía’ del F.C. Barcelona: Cesc Fábregas. Con él catalán encontró a un mediocentro que aportara calidad y toque de balón junto a Mathieu Flamini, y no tanto trabajo físico como le daba el doble pivote Vieira – Gilberto Silva. Así que ahora podía introducir una evolución táctica más en el equipo en busca de un dominio mayor de los partidos a través de la posesión; evitando el vivir solo de la calidad técnica en ¾ de campo, las transiciones y los goles de Henry. Además renovó también la plantilla con la llegada de José Antonio Reyes -otro ‘jugón’ más del fútbol español y que se adaptaría muy bien al equipo en la posición de segundo delantero, donde rindió a buen nivel-, Alexander Hleb y Robin Van Persie para los extremos y Emmanuel Adebayor como recambio de Thierry.

Eran, dos años después de ‘Los Invencibles’, un equipo renovado, que había evolucionado y perfeccionado el estilo y que estaba capacitado para el asalto a la Liga de Campeones. Competición en la que rindieron a gran nivel en aquella temporada 2005/2006 hasta conseguir plantarse en la final. En la fase de grupos lograron un total de 16 puntos de los 18 posibles ante el Ajax de Ámsterdam, el Sparta de Praga y el FC Thun. Luego vendría la exhibición del fenómeno Thierry Henry en el Santiago Bernabéu y la eliminación del Real Madrid. Esa noche quedó claro que los ingleses eran un señor equipo, y que tenían un gran líder dentro del campo. Un jugador que llegó muy joven de la mano de Wenger y que era capaz de ganar partidos él solo, -quizás lo que no tiene hoy el Arsenal-.

La relación Henry - Wenger dio grandes éxitos al club

La relación Henry – Wenger dio grandes éxitos al club

En cuartos de final vencerían a la Juventus de Turín y en semifinales al Villarreal (con el famoso penalti parado por Jens Lehmann a Juan Román Riquelme). Ya en la final esperaba el Barcelona de Ronaldinho y entrenado por entonces por el holandés Frank Rijkaard. Un equipo al que le gustaba dominar los partidos y ser protagonistas a través de la posesión y que contaba con un gran trío atacante, y muy peligroso con espacios, formado por: Ronaldinho, Eto’o y Giuly. Pero para aquel día tenían una baja muy sensible en la sala de máquinas donde cocinaban todo su juego. Xavi Hernández no llegaba en buenas condiciones para la final, así que, todos los galones en la medular debía de asumirlos el portugués Deco.

El Barça confiaba ciegamente en su estilo y sabía perfectamente cómo quería jugar. Wenger también era conocedor de ello, y era momento de decidir la forma en la que afrontarían el partido: valentía e intento de dominio, o defender las armas del rival y esperar sus errores. Lamentablemente optó por lo segundo. El Arsenal cedió el protagonismo del juego al Barcelona, se preocupo de hacer un buen marcaje por todo el campo a Ronaldinho y confió sus opciones al ataque buscando con envíos largos a Thierry Henry que se quedaba descolgado arriba. Y casi les sale bien. Puesto que se adelantaron en el marcador con una acción a balón parado. Pero aquella noche en Saint Denis el fútbol hizo justicia y el más valiente logró ganar remontando el partido en los últimos minutos.

Thierry Henry y Ronaldinho, dos fenómenos que se enfrentaron en la final de la Champions. (2006)

Thierry Henry y Ronaldinho, dos fenómenos que se enfrentaron en la final de la Champions. (2006)

Época de sequía

Buscar ser competitivos cediendo protagonismo. Olvidarse de la belleza y de su estilo. Creerse inferior al rival. Una isla llamada Henry como casi la única opción en el ataque. El Arsenal de Wenger no solo perdió aquella noche la posibilidad de ganar la Copa de Europa, sino también la de mostrar su personalidad y su valentía. Fue una decepción y estas necesitan de algo que levante los ánimos y traigan de vuelta la motivación al club. Ese elemento motivacional fue la inauguración el 22 de julio del año 2006 del nuevo estadio del Arsenal: el Emirates Stadium.

La construcción del nuevo estadio necesitó de una gran inversión económica, por lo que Arsène Wenger tenía que sacar rendimiento a la misma plantilla que había perdido la final y volver a buscar jugadores jóvenes y de un bajo coste. Pero sin dinero el proceso de renovación se convertía en algo más lento. Gael Clichy y Theo Walcott aparecieron en el equipo, Robin Van Persie empezaba a rendir mejor jugando más centrado, Fábregas seguía su gran progresión… Pero la estrella del equipo (Henry) entraba en decadencia y en un período de lesiones. Problema que la directiva intentó -sin éxito- arreglar con un trueque en el mercado invernal entre Reyes y Julio Baptista (al que Wenger colocaría cerca del área) con el Real Madrid. Además, uno de los hombres importantes del equipo (Robert Pirès) se había marchado, y su sustituto, Thomas Rosicky, no rendía al nivel esperado.

Emirates Stadium, estadio del FC Arsenal, fundado en el año 2007

Emirates Stadium, estadio del FC Arsenal, fundado en el año 2007

En la temporada siguiente, y con la marcha de Thierry Henry, dos hombres se echaron el equipo a las espaldas: Cesc Fábregas asumió el control del juego y Adebayor puso los goles. Ese Arsenal acabó con 83 puntos en la Premier, por lo que pudo decir que la compitió. Aunque sus aficionados querían títulos, y estos tardarían en llegar. Además al estilo aún le faltaba belleza.

Arsène Wenger aportó fuertemente por el estilo técnico y de una vez por todas. Trajo a Samir Nasri del Olympique de Marsella, colocó a Robin Van Persie como delantero del equipo, sacó de la cantera a talentosos como Jack Wilshere y Aaron Ramsey… Su idea era la de copiar a ese gran Barça de Pep Guardiola que deslumbraba al mundo del fútbol. Equipo con el que toparía dos años consecutivos en la Champions y que lo dejaría fuera de la disputa por la competición. Mientras en Inglaterra era incapaz de competir por la Premier ante el Manchester United y el Chelsea. Un Arsenal bello en muchos partidos, sí. Pero irregular, con jugadores demasiados jóvenes, problemas de lesiones y falta de rendimiento en fichajes como Arshavin, Chamakh o Gervinho. Por lo que no podía ser competitivo del todo.

Van Persie salió y dejó sin ‘hombre gol’ al equipo. Nasri, Cesc Fábregas y Alex Song, tres pilares claves del centro del campo, también buscaron nuevos destinos. Sin ellos, Wenger empezó a darle galones al recién llegado Santi Cazorla  y a los jóvenes Alex Oxlade-Chamberlain, Wilshere y Ramsey. Pero el equipo se veía sumergido en una eterna juventud. Los problemas de lesiones se mantenían y, además, defensivamente dejaban mucho que desear. Eran vulnerables ante los grandes y carecían de pilares fundamentales en todo equipo: un portero seguro, un defensa líder, un buen stopper en el medio y un delantero de talla mundial que aportara buenas cifras goleadoras. Pasaba el tiempo, y desde la final perdida en París no se veía a un Arsenal sólido, maduro y con potencial real para pelearlo todo.

La llegada de Özil

La temporada pasada el Arsenal arrancaba con un derrota (1-3) frente el Aston Villa en casa. Su afición explotaba ante una situación que se prolongaba: la inversión en fichaje era pobre desde la construcción del estadio, el club perdía a los buenos jugadores y la plantilla seguía sufriendo esa eterna juventud y fragilidad. Era necesario la llegada un aire fresco que motivara de nuevo a la afición gunner. Y, días después de esa derrota, el club anunciaba el fichaje de Mesut Özil. Uno de los mejores jugadores del mundo aterrizaba en Londres con el objetivo de convertirse en la estrella del Arsenal.

El primer tramo de la temporada fue bastante bueno. Arsène Wenger logró que su equipo fuese competitivo y bello a la misma vez. Mikel Arteta se asentó en la posición de mediocentro puro, aportando un gran equilibrio al equipo, Ramsey en su faceta de llegador rendía a gran nivel, Giroud (sin ser un ‘9’ muy goleador) aportaba mucho juego y asociación en el ataque, Özil se mostraba hiperactivo, la pareja Mertesacker – Koscienly daba solidez… El Arsenal demostraba ser un equipo potente por entonces y que dejaba grandes actuaciones, como el enfrentamiento ante el SSC Napoli en el Emirates Stadium. Aquel día fueron valientes y no tuvieron miedo a las peligrosas transiciones de los italianos, dominaron el partido a través de la posesión. Cuando la perdían se activaban de maravilla para volver a recuperarla y atacaban con una armonía tremenda, intercambiando las posiciones, circulando con velocidad y siendo verticales… Se acercaron al Fútbol Total.

Pero una vez más -coincidiendo con las lesiones, el bajón de Ramsey, la irregularidad de Özil- aparecían las dudas de si este equipo estaba preparado realmente para competir por la Premier League, aunque por entonces marchara líder. Estas llegarían el día que el Arsenal era goleado (6-3) en el Etihad Stadium por el Manchester City. En ningún momento fueron capaces de dominar a los de Pellegrini. Y cuando no tienen el balón, su estilo se viene abajo y empiezan a sufrir en defensa. Algo que no les pasó en el Signal Iduna Park, donde Wenger decidió ceder el protagonismo al BVB Dortmund para controlar sus contras. El Arsenal ganó por la mínima y se dijo que habían sido competitivos. Pero para ello tuvieron que renunciar a su estilo.

La llegada de Mesut Özil renovó la ilusiones de la afición 'gunner'

La llegada de Mesut Özil renovó la ilusiones de la afición ‘gunner’

La derrota en Manchester hizo daño al equipo, que se marcó una segunda vuelta muy mala. Empezando por la eliminación en Champions ante el Bayern de Guardiola. Wenger apostó en la ida en casa por un juego muy vertical, sin control ni pausa, y en los primeros minutos puso en aprietos a los alemanes. Hasta que Toni Kroos se hizo con el mando del encuentro y los bávaros comenzaron a atacar a un Arsenal replegado esperando para salir al contragolpe. Una vez más renunciaron al estilo y a la valentía de querer ser protagonistas. Eligieron, equivocadamente, ser competitivos. Y no les funcionó. Ya solo les quedaba luchar por la Premier y la F.A. Cup.

Dos derrotas muy abultadas (5-1 ante el Liverpool y 6-0 frente el Chelsea) acabaron con las aspiraciones del Arsenal a ganar la liga. En ambos encuentros pretendieron ser protagonistas, sí. Pero el equipo dejó mucho que desear tácticamente y mentalmente. Salieron sin intensidad y no fueron capaces en ningún momento de frenar las transiciones rivales. Hacían aguas por todas partes. Se les inundó el barco, y su capitán (Arsène Wenger) empezaba a ser muy cuestionado. Pero al final de la temporada conseguiría levantar -acabando con la sequía de 9 años-, la Copa inglesa y la directiva optó por darle un voto más de confianza y renovarlo.

El Arsenal actual

Tras un año lleno de dudas, con la llegada de un jugador tan bueno como irregular (Özil), la no ‘explosión’ definitiva de Ramsey y Wilshere, las lesiones continuas, el mediocre nivel en algunas posiciones, la falta de un ‘9’ estrella… La directiva tenía que acertar en el mercado veraniego. Y se puede decir, en parte, que así fue. Consiguió fichar al chileno Alexis Sánchez: un animal competitivo, joven, como mucho potencial y que llega a Londres con la intención de convertirse en el faro del equipo. Además, también llegarían al club Debuchy para suplir a Sagna en el lateral derecho y aportar esa necesaria capacidad ofensiva junto a Gibbs o Monreal, Ospina para competir con Szczesny por el puesto de portero, Chambers como recambio para los centrales y Welbeck para intentar superar las cifras goleadoras de Giroud.

Con una victoria (3-1) frente al Manchester City en la Community Shield iniciaba su andadura el Arsenal 2014/2015. Competitivos aquel día, sí. Pero siendo un equipo que se replegó, que renunciaba a la posesión y que buscaba las transiciones. –De esta forma ganaron hace unos días en el Etihad-. Después ante equipos de menor nivel en la Premier si pretende dominar y ser protagonista. Un día le vale para ganar y otro no. Porque durante la primera vuelta ha sido, por enésima, vez un equipo irregular (excepto Alexis), demasiado vulnerable a veces, como ante el Borussia Dortmund en Champions, que no mantiene continuidad en el once y en su estilo por problemas de lesiones y altibajos de sus jugadores. Un día bello. Un día competitivo. Pocas veces las dos cosas.

Alexis Sánchez ha aterrizado en Londres con intención de convertirse en la estrella del Arsenal

Alexis Sánchez ha aterrizado en Londres con intención de convertirse en la estrella del Arsenal

Será Arsène Wenger quien decida cuando pueden y deben ser valientes, cómo debe encontrar la competitividad, la regularidad y la madurez en sus jugadores sin perder el estilo. Porque de la otra forma es pan para hoy y hambre para mañana. El Arsenal es un equipo diseñado para tener el balón y buscar la belleza con él: esa es su filosofía. Y plantilla tiene de sobra para hacerlo. –Aunque es cierto que pueda necesitar algún jugador de corte defensivo para la medular y un delantero que garantice más goles-. Y el día que caigan lo harán con la cabeza alta, porque estarán orgullosos de hacerlo con personalidad.

 

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