Alexander Mostovói, el ‘Zar’ de Vigo

“San Petersburgo, 22 de agosto de 1968”. Es muy probable que no tengas ni la más remota idea de lo de que te están hablando. “Alexander Mostovói” seguramente te empiece a sonar de algo la cosa. Así puestos, vamos al tema.

Como iba diciendo; el 22 de agosto del año 1968 nacía en la ciudad de San Petersburgo un tal Aleksandr Vladímirovich Mostovói. Era un niño al que le apasionaba jugar a la pelota y rápidamente los por entonces ojeadores del CSKA de Moscú, el club más importante de su país, le captaron para sus categorías inferiores. A los dieciséis años el joven Mostovoi ficha por el máximo rival del club al que pertenecía, se va a jugar al Spartak de Moscú. Este es una acto muy “made in Mostovói” ya que él siempre se caracterizó por actos ‘algo extraños’ por llamarlos de alguna manera. Mostovói va quemando etapas y debuta en la Primera División rusa con el Spartak, donde ganaría dos ligas. En una pretemporada, se da a conocer cuando logra un antalógico gol ante el Metallist regateando dentro del área rival a nada más que seis rivales para luego meter la pelota en la portería. Es tan alto el grado de calidad del mediapunta ruso que uno de los grandes clubes europeos como es el Benfica, le ficha para su equipo. Tras dos años en Portugal, una SuperLiga, una Copa portuguesa y no poder jugar la Euro’92 por lesión, se va a Francia a jugar al Stade Malherbe Caen y más adelante es el Estrasburgo el club que goza del bueno de ‘Mosto’. Durante estos tres años juega su primera Copa Mundial en EEUU, donde no pasa de la primera fase. Aleksandr ya tiene 28 años y es una de las figuras más importantes de la Liga de Francia, pero su fútbol no ha llegado, ni mucho menos, a su explosión. En el verano de 1996, después de no pasar de la primera fase en la Eurocopa de Inglaterra, le llega una oferta de un equipo español. No es un equipo de altísimo nivel, más bien es un equipo de mitad de tabla. Aún así, Mostovói ficha por el Real Club Celta de Vigo por 325.000 millones de pesetas , un club que años más tarde se acabaría convirtiendo en el club amado por el de San Petersburgo.
No creáis que la historia del bueno de Álex en Vigo son todo flores y rosas. En su primera temporada en el Celta, Mostovoi la lía en El Molinón. El Celta pierde con el Sporting 4-0 y en mitad del partido el ruso, con claros gestos de cabreo, intenta irse del terreno de juego. Tiene a todo el Celta en general y a Patxi Salinas en concreto queriéndoselo comer y finalmente Mostovói vuelve al campo. Éste episodio hace que tanto la afición como su entrenador; Castro Santos se enfaden con él. Un enfado que comienza a acabarse cuando en la última jornada de la temporada 1996/97 el Celta se juega el descenso ante el mismísimo Real Madrid y ganan 4-0 en Balaídos siendo Mostovói el hombre que lleva al Celta a la victoria. Poco a poco empieza a hacerse un nombre en Vigo hasta convertirse en el jugador franquicia del club. Aún así, su carácter ganador hace que se gane varias expulsiones, aunque para él: “de cada 10 rojas que me sacan 9 son injustas”.
El Celta se hizo grande con Mostovói y Mostovói se hizo grande con el Celta. Practicaron un fútbol que maravilló en Vigo, Galicia, España, Europa y hasta al planeta fútbol entero. El Celta tuvo grandes actuaciones en Copa de la UEFA, donde ganaron a equipos de la talla de Aston Villa, Juventus, Benfica, Liverpool… Mostovói se convirtió en el ídolo de la gente viguesa y adoptó el nombre que le perseguirá de por vida, el del “Zar de Balaídos”. Esos Revivo, Gustavo López, Makelelé, Karpin, Gudelj, Mostovoi y compañía hacían del Celta de Vigo un equipo capaz de ganar a cualquiera. El 30 de junio de 2001 a punto estuvo Aleksandr de grabar su nombre con letras de oro convirtiéndose en el jugador que hubiera dado el primer título de su historia al RC Celta. En la final de Copa del Rey de la campaña 2000/01 se enfrentaban en Sevilla, en el estadio de La Cartuja, un Celta en explendor y un Zaragoza que había sudado por evitar el descenso. Los celestes se adelantaron con un gol de Mostovói en el 4′ pero un penalti, un remate de cabeza y un gol en el descuento privaron al club olívico de llevarse el tan ansiado trofeo. Quizá éste fue uno de los días más tristes para el Celta y para Mostovói, que vieron como sus opciones de lograr un título se escabullían. Una Copa Intertoto no sació a un equipo que aspiraba a grandes experiencias. Tuvo la oprtunidad de jugar en Mundial de Corea y Japón en 2002, pero tampoco pasó de la fase de grupos. En 2004 el Celta disputó la UEFA Champions League, capitaneado por un ya veteranísimo Mostovói. En la fase de grupos pasaron a Octavos junto a AC Milán (equipo al que derrotaron en San Siro) y eliminaron a Brujas y Ajax de Ámsterdam. En la siguiente ronda quedarían eliminados en Londres al perder por 2-3 ante el Arsenal de Thierry Henry.
El Celta bajó a Segunda y aquí se acabó la etapa de Aleksandr Mostovói en Vigo. Fueron 8 temporadas llenos de momentos de alegrías; goleadas a Madrid, Juventus o Benfica, clasificaciones a Copa de la UEFA y a Champions League, una Intertoto, llegar a una final de Copa del Rey… Aunque también hubo algún momento amargo como la derrota por 0-5 en Balaídos ante el Deportivo o la final perdida de La Cartuja. Además de por su talento, sus exquisitos disparos de falta, goles o asistencias, el ruso fue muy querido en Vigo por su amor por el escudo del Celta, siendo capitán del club o por su reacción ante la colleja de Djalminha en un derby gallego. En la Euro’04 tuvo problemas con el seleccionador y dejó la concentración. Aún así es considerado el mejor futbolista ruso de la historia, con 65 internacionalidades. En 2005, en el Alavés, disputó un partido e hizo un gol, luego dejó el club. Así es ‘Mosto’. Lo cierto es que “El Zar” estaba capacitado para haber llegado a jugar en un grande mundial, pero su cabeza, su tardía maduración o su amor por el Celta hicieron que Aleksandr Mostovói pasase a la historia como el mejor jugador que haya vestido la zamarra del RC Celta de Vigo, 60 goles y 325 partidos en Primera División le avalan. Balaídos echa de menos esas noches europeas de gloria donde el número diez celeste deleitó e hizo levantarse de sus asientos a un estadio que nunca le olvidará. Hasta siempre, “Zar”.
Artículo realizado por Alberto Trapero
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