Ronaldo Nazário: un búfalo criado en las playas de Río

Ronaldo Luís Nazário de Lima, conocido como ‘El Fenómeno’, nació en Río de Janeiro (Brasil), el 22 de septiembre de 1976. Desarrolló su carrera como profesional en el Cruzeiro, PSV Eindhoven, FC Barcelona, Inter de Milán, Real Madrid, AC Milán y Corinthians; además de la Selección brasileña. Y, a día de hoy, es considerado por muchos aficionados como el mejor delantero centro de la historia del fútbol.

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El búfalo africano es una animal que habita en las zonas abiertas de la selva; tiene solo dos dedos en las patas, lo que le permite correr a una velocidad de 40km/h. También posee un olfato muy desarrollado y, a pesar de su naturaleza pacífica, es uno de los animales más peligrosos que existe. Es muy conocida en el mundo animal su famosa “estampida” cuando ve algún peligro. Cuando corre, debido a su velocidad y su fuerza, resulta prácticamente imparable. No hay nada que se le pueda poner por delante a un búfalo para detenerlo.

Este fue uno de los comparativos que se usaba para tratar de explicar las características que poseía Ronaldo. Un jugador que recibía el balón a cincuenta metros de la portería y generaba la expectativa de que algo podía pasar, tal era su potencia y arrancada (como la de un búfalo). Resultaba imparable cuando conducía la pelota en carrera. Recuerden aquel famoso gol al Santiago de Compostela, donde arrancó en el centro del campo y acabó definiendo delante del portero.

Ronaldo of Brazil

Pero ‘El Fenómeno’ no solo tenía arrancada. Poseía un gran olfato goleador (otra característica que comparte con dicho animal) e instinto de depredador. Además como todo buen brasileño, criado en las playas de Río, tenía una gran técnica en el regate, control y disparo. Y por último, delante del portero, definía como nadie. O más bien sí. Lo hacía como su maestro, el genio Romario. Hasta el día de hoy no he visto a ningún otro jugador que demuestre tanta sangre fría para definir como éstos dos. Se sentían muy tranquilos donde otros están nerviosos: delante del portero, delante del gol.

Y, como es cierto aquello de que todos los grandes empiezan a demostrar su talento innato desde muy jóvenes, Ronaldo no iba a ser menos. Debutó con el Cruzeiro (equipo con el que ganó un Campeonato y una Copa brasileña) con 16 años de edad y, con 17 años, entraría en la convocatoria de Carlos Alberto Parreira para el Mundial de 1994 debido a la presión popular. No jugó ni un minuto, pero ya se daba a conocer en la élite. Esto, unido la gran capacidad goleadora que atesoraba, le catapultó a dar el salto a Europa. Fichó por el PSV holandés, club al que ayudó con sus goles, en sus dos temporadas en Eindhoven, a ganar una Copa holandesa. Ronaldo ya era una estrella.

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En el verano de 1996 ficharía por el FC Barcelona. Estuvo solo un año en el club catalán, pero le bastó para alcanzar su cénit futbolístico. En la ciudad condal Ronaldo mostró su mejor nivel. Marcó 34 goles en 37 partidos de liga; logró tres títulos para el Barça (Copa del Rey, Recopa y Supercopa de España); se proclamó Campeón de América con Brasil al final de la temporada y obtuvo el trofeo de FIFA World Player por primera vez. En ese momento era el mejor jugador del mundo.

Sus problemas con Núñez, presidente por entonces del Barcelona, le llevó a salir del club fichar por el Inter de Milán. Llegó a la Serie A: una liga nueva y un fútbol distinto. Pero una vez más, mostró que dentro del terreno de juego, no tenía problemas de adaptación (los buenos juegan donde sea). Para el Inter ganó una Copa de la UEFA y jugó a gran nivel hasta aquella fatídica lesión que le apartó de los terrenos de juegos durante un año y ocho meses. Entre medias ganó una otra Copa América, un Balón de Oro y perdió una Final de la Copa del Mundo en 1998 ante la Francia de Zinedine Zidane. Fue el mejor de la competición, pero el día de la final sufrió unas convulsiones que estuvieron a punto de dejarlo fuera de la cita. Aunque Ronaldo siempre reconoció que fueron superados ampliamente en el partido. No hay nada más digno para un deportista que saber reconocer una derrota. Y él era un gran futbolista, un gran deportista y también un gran ser humano.

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A pesar del pesimismo que había ante su estado físico, Luis Felipe Scolari decidió convocar a Ronaldo para el Mundial que se disputaría en 2002 en Corea y Japón. La selección brasileña no llegaba como favorita, pero el equipo se fue armando partido a partido hasta llegar a la final. El rival era la Alemania de Oliver Khan. Se enfrentaban el mejor delantero del torneo contra el mejor portero. Brasil ganó 2 a 0 y se convertía por quinta vez en su historia Campeona del Mundo. Ronaldo marcó los dos goles del partido, logró la Bota de Oro y meses después recibiría un nuevo Balón de Oro. Otra vez era el mejor, lo que le condujo a que Florentino Pérez lo incorporara a su Real Madrid de Los Galácticos.

Su primer año en el Paseo de la Castellana fue bueno. Ganó la Copa Intercontinental, salió ovacionado de Old Trafford tras lograr un hat-trick en un partido de Champions (posiblemente su mejor partido a nivel individual) y al final de la temporada la Liga, de la que fue máximo goleador con 23 goles. Pero el proyecto de la estrellas del Madrid (Figo, Zidane, él, Beckham, Owen…) fue cayendo a la misma vez que emergía el gran Barça de Ronaldinho. Ronaldo ya no tenía aquella gran capacidad física. Seguía viviendo de su talento y de su olfato de gol. Aunque marcaba goles, objetivo de todo delantero, no le bastaba para logra el único gran título que jamás consiguió: la Copa de Europa.

Real Madrid v Valencia

Una vez más Parreira lo convocó para un Mundial. La Canarinha de 2006 ilusionaba, y mucho, a los aficionados (Ronaldo, Ronaldinho, Adriano, Kaká…). Pero finalmente defraudó cuando cayó en cuartos de final ante Francia. No fue el caso de Ronaldo. Él sí mostró un buen nivel. Marcó tres goles más con Brasil en su despedida con la Verde-Amarelha que lo convirtieron en el máximo goleador de la historia de los mundiales (hasta la aparición de Klose en Brasil 2014). Su decadencia futbolística había llegado, y con ella, la marcha del Madrid rumbo a Milán.

Con el conjunto Rossonero apenas jugó un mes, cuando volvió a romperse. Parecía el fin de la carrera de un enorme jugador. Pero más enorme fue él mostrando una gran capacidad de superación y recuperándose de su lesión, esta vez solo en un año. Quería seguir jugando al fútbol y el Corinthians le dio la oportunidad. En el club carioca dejó las últimas muestras de su talento (busquen un gol al Santos de Neymar, una maravilla.), ganó un Campeonato Paulista, una Copa de Brasil y anunció su retirada del fútbol el 14 de febrero de 2011 con estas palabras: “pienso en una jugada, pero no la ejecuto como quiero.”

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