Análisis del Espanyol 0-2 Barça

El Power8 Stadium se presentaba como uno de los principales escollos que debía superar el Barça para mantener intactas sus opciones al título liguero. Para el Espanyol el partido era su última opción para coger el tren destino a Europa; para los culés, un paso de gigante en la conquista del trofeo doméstico. Alicientes habían para presenciar un partido vibrante, eléctrico y mágico. Y es que a pesar de que los últimos enfrentamientos entre ambos se habían decantado hacia el mismo lado, un derbi siempre suele conducir a la imprevisibilidad.

Sergi González formó con su habitual 4-4-2, dando continuidad al bloque que había cosechado meritorios resultados en las últimas fechas (cuatro empates y dos victorias), con la obligada titularidad de Abraham en el centro del campo que suplía al sancionado Víctor Sánchez. El cuadro perico cedió al Barça medio campo, con la línea de atrás un poco adelantada, con el objetivo de achicar el espacio, embotellando el juego de toque blaugrana, impidiéndoles desplegarlo con la fluidez habitual.

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Pasividad defensiva blanquiazul

Pero nada de eso surgió efecto. Los hombres de arriba (Sergio y Caicedo) no presionaban a los centrales en la salida del balón y eso permitía al Barça iniciar  muy cómodo. Lucas y Víctor  no llegaban a las ayudas en banda, superados por los ofensivos laterales blaugranas. Y en el mediocampo, Iniesta, Busquets y Rafinha bailaban a los pivotes del Espanyol.

Sorprendió la pasividad que adoleció el conjunto blanquiazul. Se mostró como un equipo blando, desconectado y sin capacidad de competir, al contrario de como sí hizo en el Camp Nou. Caricaturizado en el primer tiempo, se vio barrido del césped por un Barcelona que controló en todo momento el duelo.

Ambición blaugrana

Luís Enrique hacía, una vez más, uso de las rotaciones, dando entrada a Rafinha en detrimento de Rakitic. Formó con el esquema habitual con Neymar, Suárez y Messi arriba, pero éste último disfrutaba de libertad absoluta (más que nunca) de movimientos, y eso fue clave para la victoria culé.

Los blaugrana salieron a por el partido, desacomplejados,  ahogando al Espanyol con una presión muy adelantada. Busquets cortocircuitaba las posibles segundas jugadas pericas con su poderoso juego aéreo, y en ataque podía recibir de caras y conectaba con facilidad con Rafinha y Iniesta (el manchego vuelve a rendir a un nivel espléndido y el Barça lo nota). Siempre había superioridad numérica blaugrana en la medular. Messi era una centrocampista más, omnipresente, superlativo, aparecía donde quería, sin ninguna lógica, participando con asiduidad  y esto destrozó el esquema táctico perico. Al centrar su posición, los culés renunciaban a la banda derecha (salvo las incursiones, siempre habituales, de Alves), focalizando su ataque por la banda de Neymar.

Imatge RCDE v FCB 2

La primera media hora fue un asedio constante contra la portería de Casilla. Hasta tres ocasiones claras tuvieron los hombres de Luis Enrique en los primeros diez minutos. El primer gol llegó poco después del cuarto de hora, tras una brillante acción colectiva culé, que consiguió enlazar hasta veinticinco pases antes que Neymar rematara a placer desde el corazón del área un balón de Jordi Alba. Mención aparte merece la asistencia maravillosa de Messi al lateral, previa al centro. Delante, un Español grogui, incapaz de sobreponerse, que veía como cinco minutos después llegaba el segundo, a botas de Suárez (aunque en claro fuero de juego).

Imatge RCDE v FCB 3

Amor propio perico; madurez culé

El español salió en la segunda mitad mordiendo más arriba, agresivo, sabiendo que el partido ya se había escapado pero con la intención de limpiar la mala imagen dada en la primera parte frente a sus seguidores.  Sergio García defendía cerca de Busquets. Cañas y Abraham encima de los dos interiores, dificultando la salida de balón a los centrales, lo que provocaba que éstos tuvieran que jugar en largo más de una vez.

El Espanyol lo intentó con más corazón que cabeza, con escasez de ideas, dónde sólo los destellos de calidad de un intermitente Sergio García inquietaban la meta de Bravo.

Pero el Barça había decidido que no habría derbi. Ni con la expulsión de Alba perdió el control del encuentro. Luís Enrique dio a entrada a Mathieu por Rafinha, para que ocupara el carril zurdo, retrasando ligeramente a Messi (de 4-3-3 a 4-2-1-2). Posteriormente, Xavi y Rakitic entraron por Iniesta y Suárez, para esconder el balón. Sergio González también movió ficha, pero no consiguió girar la dirección del partido: sacó a Salva Sevilla, futbolista de perfil más técnico para aprovechar la superioridad numérica, en detrimento de un desdibujado Abraham, sin variar el esquema táctico. Así como el habitual cambio de Stuani por Caicedo.

El equipo de Sergio González pasó de ser arrollado a topar contra un rival ordenado y sólido. Un líder maduro, que ganó sin despeinarse, superando otra prueba, una más, que hace que empiece a acariciar la liga. Por su parte, el Espanyol, una vez asegurada la permanencia (que no es poco), y con la Europa League prácticamente inalcanzable, terminará la liga siguiendo el guion de las últimas temporadas.

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