Aleix Vidal, la consagración del llanero solitario

Aleix Vidal está de moda. El tarraconense está asombrando a toda Europa con sus magistrales actuaciones.  El pasado jueves, ante la Fiorentina, dio una exhibición marcando dos goles y dando una asistencia para poner al Sevilla con un pie y medio en la final de la Europa League, y es que gran rendimiento del catalán ha llamado la atención a grandes clubes europeos (como el Barça), que verían con buenos ojos su incorporación.

Es una muestra más del tino de Ramón Rodríguez en materia de fichajes. Es difícil encontrar una explicación de porqué nadie se había percatado de su talento hasta entonces. Seguramente el  jugador se preguntaba lo mismo y no dejó de luchar hasta que lo consiguió. Su irrupción en el escaparate mundial es la merecida recompensa a la contagiosa fe de un currante que sufrió mucho y no se rindió, y aquí radica su éxito.

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Nadie mejor que él sabe lo duro que ha sido el camino hasta llegar a la cima. En edad juvenil fichó por el Espanyol, una de las canteras que más oportunidades da a los jóvenes talentos, pero no tuvo la confianza deseada y se marchó cedido (primero a la Damm y después al Panthrakikos griego), para acabar rescindiendo el contrato al finalizar la temporada. Nunca llegó a debutar con el primer equipo y en verano fichó por el Gimnàstic de Tarragona, pero pasó la mayor parte de la temporada con el filial, la Pobla de Mafumet. Duro revés para el vallense que aun así no se rindió, probando suerte en el Mallorca, pero aquel 2010 tampoco fue su año y le asignaron al Mallorca B.

Parecía el final de una corta carrera. El fútbol le daba la espalda y le enseñaba la cara amarga de un deporte poco agradecido con sus esfuerzos. Aleix Vidal iba a cumplir 21 años y se situaba como uno de esos chavales que tenía condiciones pero que nunca consiguió dar el salto definitivo a un equipo de élite. Muchos amigos le dijeron que diera el paso atrás, que encontrara soluciones en otras facetas de la vida y que el fútbol era demasiado complicado como para vivir de él. Pero Aleix, no tiró la toalla. No había nadado hasta aquí para quedarse en la orilla. En los últimos años tuvo que escuchar muchas veces el “no”, pero ésta vez era él quien lo iba a pronunciar. Que estaba preparado para luchar, para sufrir, para morder, para darlo todo. Que “no” iba a dejar el fútbol.

Aceptó la oportunidad que le dio la UD Almería B y acertó. Las tornas habían cambiado y el 31 de agosto de 2011 subió al primer equipo. Allí empezó a ganar en estima con Lucas Alcaraz. Aleix Vidal le prometió esfuerzo y sacrificio. El fútbol llegó solo.

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Estuvo a punto de fichar por el Madrid para jugar en el Castilla. No lo hizo para satisfacción de un Sevilla que el pasado verano apostó por un diamante por pulir. El tarraconense llegó como un fichaje de perfil medio, pero lo cierto es que se ha convertido en un fijo en las alineaciones de Unai Emery. Lateral o extremo, por el flanco derecho o por el izquierdo, no importa. Es el dueño absoluto de su carril, se vacía en cada partido, no da un balón por perdido y despliega su excelsa zancada en ataque, erigiéndose como un puñal afilado para la defensa rival. Aleix suma cinco goles y once asistencias este curso y se puede decir que los tres millones y medio que costó su fichaje ya están sobradamente amortizados.

Gracias a Dios, el trabajo me está dando la recompensa y voy a seguir así.

Aleix Vidal es una mezcla de compromiso y ambición. Incansable y tremendamente generoso. Destacan entre sus virtudes la velocidad y el poderío físico, pero es su espíritu de sacrificio y el hambre insaciable por ganar lo que ha contagiado a la afición, convirtiéndose, con sólo una temporada, en uno de los ídolos de Nervión. Tiene interiorizado el lema de que nunca se debe dejar de competir. La clave está en el camino, en su dificilísima ascensión hasta llegar a la cima.

Es un ejemplo de superación, el triunfo de la fe en uno mismo. Un trotamundos que tuvo que emigrar en varias ciudades en busca de la oportunidad y que ha necesitado defender no pocas camisetas para asentarse en la élite del fútbol. Pero ahora Aleix sonríe y disfruta jugando a aquello que tantas veces había soñado hacer. Con prudencia y humildad, pero con la ilusión de hacer algo grande en este mundo. Cabe decir que algunos ya lo ven defendiendo la casaca de España.

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